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OpenAI resuelve Navier-Stokes con IA: el Problema del Milenio explicado

OpenAI afirma haber resuelto con inteligencia artificial el problema de Navier-Stokes, uno de los Problemas del Milenio. Te explicamos qué ha ocurrido, cómo se hizo y la polémica detrás del descubrimiento.

Laura Pachón Rúa · · 7 min de lectura

IA · Matemáticas · Ciencia

OpenAI asegura haber encontrado una solución al problema de Navier-Stokes, uno de los siete Problemas del Milenio. La historia incluye 10.000 agentes, 88 horas de trabajo, matemáticos humanos y una polémica sobre quién tuvo realmente la idea.

Hay preguntas que llevan tanto tiempo sin respuesta que terminamos asumiendo que seguirán ahí para siempre. En matemáticas, algunas llevan décadas resistiéndose incluso a las mejores mentes del mundo. Y una de ellas podría haber encontrado por fin respuesta.

En el año 2000, el Clay Mathematics Institute seleccionó siete de los problemas matemáticos más difíciles e importantes que seguían abiertos y ofreció un millón de dólares por la solución de cada uno. Los llamó Problemas del Milenio.

Durante más de dos décadas, solo uno había sido resuelto.

Hasta ahora.

El 8 de septiembre de 2026, OpenAI anunció que un sistema interno de inteligencia artificial había producido una demostración para el problema de existencia y regularidad de las ecuaciones de Navier-Stokes.

No hablamos de resolver un sudoku especialmente difícil.
Hablamos de uno de los problemas matemáticos más importantes del último siglo.

Primero: ¿qué demonios son las ecuaciones de Navier-Stokes?

No hace falta saber matemáticas avanzadas para entender la pregunta que hay detrás.

Las ecuaciones de Navier-Stokes sirven para describir cómo se mueven los fluidos. Y “fluido” aquí no significa únicamente agua.

El aire es un fluido. El agua es un fluido. Las corrientes oceánicas, el humo, el movimiento alrededor del ala de un avión o buena parte de lo que ocurre dentro de una tubería pueden estudiarse utilizando estas ecuaciones.

El problema es que llevamos aproximadamente 90 años sin poder demostrar algo fundamental.

Si un fluido empieza comportándose perfectamente bien, ¿seguirá haciéndolo para siempre?

O, dicho de otra manera: ¿podría llegar un momento en el que las ecuaciones produzcan una singularidad, un punto en el que determinadas magnitudes crezcan sin límite?

Esa pregunta aparentemente sencilla es uno de los grandes problemas de las matemáticas modernas.

Y la respuesta encontrada por el sistema de OpenAI sería bastante contundente.

La respuesta propuesta es: sí.

Las singularidades podrían aparecer en tiempo finito. Existirían configuraciones inicialmente suaves para las que las ecuaciones terminan desarrollando ese comportamiento singular.

10.000 agentes, 88 horas y una cantidad absurda de computación

Aquí empieza la parte que convierte esta historia en algo más que una noticia matemática.

OpenAI no puso simplemente a ChatGPT delante de una ecuación y le preguntó: “¿Me resuelves esto?”.

10.000 agentes de IA trabajando de forma paralela
88 h explorando y desarrollando caminos matemáticos
130B tokens consumidos aproximadamente durante el proceso

La compañía utilizó un modelo interno que describe como significativamente más capaz que GPT-6 Astra y desplegó alrededor de 10.000 agentes trabajando simultáneamente.

Durante aproximadamente 88 horas, esos agentes intercambiaron millones de mensajes mientras exploraban diferentes caminos matemáticos.

Después llegó la verificación.

GPT-6 Astra habría dedicado otras 17 horas a comprobar el resultado.

Todo este proceso habría supuesto un consumo de computación enorme, con algunas estimaciones externas situando el coste en varios millones de dólares.

El premio económico del Problema del Milenio es de un millón de dólares. Así que, desde el punto de vista financiero, quizá no sea precisamente el negocio del siglo.

Desde el punto de vista científico, la historia cambia bastante.

La IA no partió de cero

Y aquí es donde el titular “una IA resolvió un problema que los humanos no pudieron resolver durante 90 años” empieza a quedarse demasiado corto.

Porque los humanos sí habían avanzado. Muchísimo.

Los matemáticos españoles Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa habían desarrollado años antes ideas fundamentales relacionadas con la formación de singularidades.

Su trabajo proporcionó una de las bases matemáticas esenciales sobre las que posteriormente se construyó la demostración.

La parte humana

Crear conceptos, desarrollar intuiciones, formular hipótesis y construir el marco matemático sobre el que trabajar.

La parte IA

Explorar en paralelo cantidades enormes de posibilidades, probar rutas y acelerar una búsqueda que podría llevar años.

Córdoba lo ha resumido de una forma especialmente interesante: la IA habría permitido ganar tiempo, pero eso no significa necesariamente que haya generado desde cero la idea matemática fundamental.

Quizá la pregunta ya no sea si una IA puede tener una gran idea científica, sino qué ocurre cuando puede explorar en horas millones de caminos construidos a partir de una buena idea humana.

Eso puede ser igual de revolucionario.

Y entonces llegó la polémica

La historia tiene todavía otra capa.

Los matemáticos Tristan Buckmaster, de la Universidad de Nueva York, y Levent Alpöge habían estado trabajando durante aproximadamente un año en un enfoque relacionado.

Buckmaster explicó posteriormente que parte de ese trabajo había pasado por herramientas de OpenAI como Codex.

La pregunta incómoda

¿Pudo el sistema de OpenAI beneficiarse directa o indirectamente de investigaciones todavía no publicadas?

Buckmaster ha sido cuidadoso al respecto: no afirma saber que eso haya ocurrido ni acusa directamente a OpenAI de haber utilizado sus datos.

OpenAI, por su parte, sostiene que no accedió específicamente a ese trabajo para desarrollar la solución, aunque ha reconocido que no puede excluir completamente que datos desidentificados procedentes del uso de sus productos hayan contribuido a mejorar sus modelos.

Y hay otro detalle llamativo.

La primera versión del trabajo publicada por OpenAI no incluía referencias a algunos de los trabajos fundamentales de Córdoba y Martínez-Zoroa. Esas referencias fueron incorporadas posteriormente.

Por tanto, además de un enorme avance matemático, el caso ha abierto un debate que probablemente veremos muchas más veces.

¿Cómo atribuimos el mérito cuando una IA construye un descubrimiento utilizando una enorme red de conocimiento producido previamente por humanos?

¿Está oficialmente resuelto el Problema del Milenio?

Aquí conviene mantener cierta prudencia.

OpenAI ha publicado tanto la demostración matemática como una formalización en Lean, un sistema utilizado para verificar demostraciones matemáticas mediante ordenador.

Eso proporciona un nivel adicional de comprobación muy relevante.

Además, Charles Fefferman —el matemático que redactó el enunciado oficial del problema para el Clay Mathematics Institute— ha señalado que el resultado presentado responde efectivamente al problema planteado, aunque considera necesaria una revisión exhaustiva por expertos antes de darlo definitivamente por cerrado.

Y esto es importante

En matemáticas, una demostración no se convierte en correcta porque la publique OpenAI, porque la produzca una superinteligencia ni porque haya utilizado 10.000 agentes.

Es correcta si la demostración es correcta.

Ahora toca que otros matemáticos la desmonten, la reconstruyan, busquen errores y comprueben cada una de sus piezas.

Si sobrevive a ese proceso, podremos hablar con mucha más seguridad de un Problema del Milenio resuelto.

Pero quizá lo verdaderamente importante no sean las ecuaciones

Para la mayoría de nosotros, Navier-Stokes seguirá siendo mañana exactamente igual de incomprensible que ayer.

Lo interesante de esta noticia está en otra parte.

Durante los últimos años hemos utilizado inteligencia artificial principalmente para generar texto, imágenes, vídeo, código o analizar información.

Pero hay una diferencia enorme entre reproducir conocimiento existente y participar en la creación de conocimiento nuevo.

Si este resultado se confirma, estaremos ante uno de los ejemplos más espectaculares hasta ahora de IA utilizada como infraestructura para investigación científica de frontera.

Así podría funcionar la ciencia aumentada por IA

1
Un humano desarrolla una idea

Formula una hipótesis, construye un marco y decide qué merece la pena investigar.

2
Miles de agentes exploran posibilidades

La IA prueba rutas, combinaciones y estrategias a una escala imposible para una sola persona.

3
Otros sistemas verifican

Modelos distintos comprueban pasos, inconsistencias y posibles errores.

4
Los humanos vuelven a revisar

La comunidad científica analiza el resultado y decide si realmente se sostiene.

Quizá el futuro de la ciencia no sea una competición de humanos contra inteligencia artificial, sino algo bastante más extraño y, probablemente, mucho más interesante.

Humanos capaces de formular buenas preguntas trabajando con máquinas capaces de explorar cantidades absurdas de respuestas posibles.

Y eso cambia bastante las reglas del juego

Porque si 10.000 agentes pueden trabajar durante 88 horas sobre un problema que ha ocupado a generaciones de matemáticos, la pregunta inevitable ya no es únicamente qué ocurrió con Navier-Stokes.

La pregunta es qué problema van a intentar resolver después.

Fuentes y contexto

  • OpenAI: publicación oficial sobre la solución propuesta al problema de Navier-Stokes.
  • Clay Mathematics Institute: definición y requisitos oficiales de los Problemas del Milenio.
  • Cobertura científica y entrevistas posteriores con matemáticos implicados en el desarrollo de los trabajos previos.

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