Me costó. Pero, modestia aparte, mis argumentos terminaron siendo bastante aplastantes.
Soy Laura, de Lab3sesenta, y ayer convencí a un amigo para que se formara en inteligencia artificial este verano. Me costó, pero, modestia aparte, mis argumentos terminaron siendo bastante aplastantes.
La conversación empezó cuando le conté que habíamos abierto las convocatorias de verano de nuestros programas de IA aplicada. Su respuesta fue inmediata:
Y, sinceramente, no podía llevarle la contraria. Después de pasarte el resto del año trabajando cuarenta, cincuenta o incluso sesenta horas semanales, cuando por fin consigues reservar unas semanas para ti, lo último que quieres es asumir una nueva obligación. Nada que consuma demasiados recursos mentales, tenga apariencia de trabajo o interfiera entre tú, una playa y un daiquiri razonablemente frío.
Hasta ahí estábamos de acuerdo. El problema era que trabajar cuarenta, cincuenta o sesenta horas todas las semanas tampoco sonaba especialmente bien.
No quería quitarle tiempo de vacaciones. Quería devolvérselo durante el año
Le pregunté cuánto tiempo dedicaba cada semana a tareas que ya había realizado muchas veces antes. No a pensar, tomar decisiones o atender bien a sus clientes, sino a ese otro trabajo que se va acumulando casi sin darte cuenta:
- Redactar mensajes y correos muy parecidos.
- Preparar documentos partiendo siempre desde cero.
- Buscar información, resumirla y volver a organizarla.
- Adaptar un mismo contenido a distintos formatos.
- Hacer seguimientos y trasladar datos entre herramientas.
- Crear presentaciones, informes o materiales repetitivos.
Al principio me dijo que no era tanto. Después empezamos a sumar: una hora por aquí, media hora por allá, dos horas preparando algo que podría haber partido de una plantilla y otra buscando información que una herramienta bien utilizada habría organizado en minutos.
Calculamos que dedicaba aproximadamente entre cinco y siete horas semanales a tareas repetitivas, reorganizables o parcialmente automatizables. Más de veinte horas al mes y, potencialmente, más de doscientas horas al año.
Entonces la conversación cambió. Ya no estábamos hablando de perder parte del verano estudiando, sino de dedicarle una pequeña parte para recuperar tiempo durante todo el año.
Hicimos un cálculo sencillo
Imaginemos que durante un mes dedica alrededor de una hora al día a aprender a utilizar mejor la inteligencia artificial. No necesariamente todos los días ni sentado ante un escritorio: puede avanzar cuando tenga un rato, ver una clase desde cualquier lugar o practicar con una tarea real de su trabajo.
En total, podría invertir unas veinte o veinticinco horas. Ahora imaginemos que, gracias a lo aprendido, consigue ahorrar solo tres horas de trabajo a la semana.
En un año habría recuperado más de ciento cuarenta horas, el equivalente a más de diecisiete jornadas laborales completas.
Y eso sin contar la posibilidad de mejorar resultados, cometer menos errores, responder más rápido, organizar mejor la información o dejar de comenzar cada tarea frente a una pantalla en blanco.
Porque la verdadera ventaja de la IA no consiste únicamente en hacer las cosas más rápido. Consiste en dejar más espacio para aquello que sí necesita tu criterio.
“Pero yo ya utilizo ChatGPT”
Como era de esperar, apareció esa frase. Y es verdad: la mayoría ya utiliza alguna herramienta de inteligencia artificial. El problema es que usarla de vez en cuando no significa haberla integrado bien en el trabajo.
También puedo abrir una hoja de cálculo y eso no me convierte automáticamente en analista de datos. Muchas personas usan la IA para hacer preguntas sueltas, generar algún texto o pedir ideas cuando están bloqueadas. Es útil, pero representa solo una pequeña parte de lo que se puede conseguir.
La diferencia aparece cuando aprendes a:
- Dar el contexto adecuado y diseñar instrucciones útiles.
- Crear sistemas y plantillas que puedas reutilizar.
- Automatizar partes concretas de un proceso.
- Elegir la herramienta correcta para cada tarea.
- Revisar los resultados y detectar errores.
- Integrar la IA en tu forma habitual de trabajar.
No se trata de añadir otra aplicación a tu lista. Se trata de cambiar el proceso.
La formación no tiene que competir con tus vacaciones
Una de las razones por las que rechazamos formarnos en verano es que imaginamos horarios rígidos, horas interminables frente a una pantalla, temarios teóricos y ejercicios desconectados de nuestra realidad.
Pero una formación online y flexible no tiene por qué funcionar así. Puedes avanzar a tu ritmo, dedicarle tiempo cuando te venga bien, practicar con tareas de tu propio trabajo y aprender desde casa, una terraza o incluso la playa, aunque no recomendaría acercar demasiado el portátil a la arena.
La pregunta no es cuánto tiempo vas a dedicar a aprender
La pregunta interesante es cuánto tiempo puede devolverte después. Si aprendes a ahorrar media hora en una tarea que realizas todas las semanas, el retorno se acumula. Si automatizas un proceso manual, el ahorro continúa incluso cuando tú no estás trabajando.
Y si además consigues crear mejores contenidos, responder antes a tus clientes, organizar mejor la información o detectar oportunidades que antes pasabas por alto, el beneficio ya no se mide únicamente en horas. También se mide en resultados.
El año que viene, sus vacaciones podrían ser mejores
Mi amigo terminó aceptando que dedicar una pequeña parte de este verano a aprender IA no era exactamente trabajar durante sus vacaciones. Era una forma de conseguir que el resto del año se pareciera un poco menos a esa sucesión de semanas de cincuenta horas que había descrito al principio.
Quizá el año que viene llegue al verano con menos tareas pendientes, pueda desconectar antes, no necesite revisar el correo desde la playa o disponga de más margen para reservar unas vacaciones mejores.
Y no, no fui tan persuasiva porque quisiera venderle un curso. Es amigo mío y a él la formación le salió gratis. Lo hice por su bien, aunque reconozco que ahora tengo un caso de estudio bastante bueno.
¿Qué parte de tu trabajo podrías hacer de otra manera?
La inteligencia artificial puede aplicarse a la automatización, el marketing, las ventas, la programación, la creación de contenidos, los agentes de IA y muchas tareas de organización o análisis.
La mejor formación no es necesariamente la que incluye más herramientas. Es la que te ayuda a resolver un problema que ya tienes.
Haz el cálculo. Puede que el resultado también termine siendo bastante aplastante.
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Laura Pachón es fundadora de Lab3sesenta, consultora y formadora en inteligencia artificial aplicada, estrategia digital, automatización y creación de contenidos para profesionales, autónomos y empresas.
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